Hay veces que, temprano, cuando papá se levanta, se mira levemente al espejo del cuarto de baño y de forma nostálgica trata de recordar aquellas cosas que lo hicieron feliz hace mucho tiempo. Y es curioso corazón, pero apenas conserva una memoria reciente de felicidad mayor que cualquier domingo por la tarde de risas juntos mientras nos revolcamos sobre la cama haciendo “la croqueta”, o acurrucados en el sofá mientras te escucho respirar cadenciosamente cuando el cansancio te vence los ojos.
Las personas cambiamos según pasa el tiempo por nosotros. Somos como uno de esos misterios que tanto te gusta buscar con la lupa pegadita al ojo: nos vamos descubriendo con el paso de los días, a medida que los años platean nuestras sienes. Guardamos en nuestro interior la desnudez más esencial intentando preservarla de todo daño ajeno, y esa protección severa contra nuestros más íntimos pensamientos o sentimientos suele funcionar, aunque de vez en cuando haya alguien lo suficientemente habilidoso como para llegar, mirar y clavar su daga dejando sangrar la herida.
Esa protección que todos llevamos dentro nos preserva de parecer débiles, porque este no es mundo para ellos, Candela… y cuesta media vida construirse la coraza para estar medio a salvo de las agresiones. Sin embargo, hay algo que desarbola todas las velas del bajel que uno se monta en sí mismo, por muy pirata que quiera aparentar que es. Ese algo es un hijo. Un hijo te desnuda sentimentalmente para siempre.
Después de tenerte a ti creo que no hay nada en este mundo que se pueda querer tanto como a un hijo: ni siquiera a unos padres a los que adoras, o a una hermana por la que darías lo que fuera, o a un amor por quien intentas dar la mejor versión de ti mismo. Después de tener un hijo la capacidad de amar que todos tenemos dentro se colapsa, y la vida te da un vuelco porque tu escala de valores cambia por completo.
Tú no eres consciente, pero mamá y yo nos anulamos como personas por ti. Tú eres la prioridad. Tú eres la alegría y la preocupación constante. Tú eres quien hace que el tiempo se encoja como tu barriga cuando te hago cosquillas. Ya casi ni recuerdo la última vez que llegué puntual a algún sitio.
Hay días, Candela, en los que simplemente pienso qué sería de mi sin ti y se me saltan las lágrimas, porque no entiendo mi existencia sin tu risa, sin esas súplicas tuyas de “la última y ya está, por favor”, sin ese genio irrefrenable con el que dices “no”, sin esa forma tan especial que tienes de hablar, tan dulce, tan cantarina, tan musical, tan única…
Con el tiempo aprenderás que papá no es un hombre de mirarse mucho; es una persona que se preocupa lo justo por sí mismo (lo mínimo para no estar contínuamente jodido por propios y extraños). Y aprenderás también que, aunque a los hombres Dios no nos concedió la gracia de poder sentir la vida dentro, no dudo que somos capaces de amar con la misma intensidad que una mujer.
Papá te quiere como si te hubiera tenido dentro, Candela. Papá te quiere por encima de su propia conveniencia. Papá te quiere por encima de cualquier cosa que pueda sucederle jamás. Papá te quiere como el cielo quiere al sol, como las flores quieren al agua o como el lienzo quiere al óleo. Papá te quiere como te quieren el Señor y la Virgen María. Papá te quiere más que a su bienestar, a su necesidad o a sus gustos personales.
Papá jamás tuvo preferencias sobre ti cuando mamá le dijo después de aquellos días de Corpus que había vida dentro de ella. Había quien conociéndome, pensaba que yo querría un pequeño costalero al que coger en brazos durante los ensayos, o un pequeño futbolista con el que darle patadas a un balón… y lo que no sabían es que no sólo lo hago de la misma manera contigo, princesa, sino que además eres más jartible todavía que yo.Ahora cumples tres añitos de vida, corazón, y lo que más me satisface es que son tres añitos conmigo. Tengo el alma tan llena de cosas tuyas que casi me podría morir sonriendo mientras pienso en alguna locura soltada por tu boca. Hoy te acompaño estas torpes letras con esa melodía que tanto te gusta, que ya eres capaz de cantar en el coche, y que tú, con esa boquita que Dios te ha dado, denominas “la canción de cuando eras pequeñita”.
Me haces sentirme tan único, tan especial, tan necesario y tan querido que yo ya no soy yo sin ti. Yo ya no soy ni una sombra de lo que fui antes de ti… vida mía.
Feliz tercer cumpleaños, “loqui”. Eres lo mejor de mi vida.
Tu príncipe.


Cuando pueda leer, querido amigo, quisiera estar delante para ver la cara que pone...
ResponderSuprimirUn abrazo
Otro de vuelta para tí, abuelo... me tiene loco.
ResponderSuprimirTre Men Do... tres... impar... Má Gi Co... y después me preguntáis porque me gusta el tres???... ains...
ResponderSuprimirCuando la veas esta noche, le das Tres Besos... grandes, amplios, sonoros... un por papá, otro por mamá... y este que me queda aquí.. se lo das por mi...
larga Vida a Candela... y Salud, siempre Salud...
Una vez mas, he tardado mas de lo normal en leer lo que escribes, mis ojos llenos de lagrimas, no me permitian enfocar bien las letras.
ResponderSuprimirUna vez mas mi hijo mayor, ese que lleva tu nombre (mi hijo mayor no se llama Alvaro, se llama como tu), cuando me ve con lagrimas de cocodrilo, viene corriendo, me da un beso y me pregunta que me pasa.
Gracias hermano por tocarnos la fibra sensible.
Le daré el besito, Abuín... descuida :)
ResponderSuprimirSe os quiere mucho, sevillanitos. Somos más que hermanos.
AVE MARIA PURISIMA....
ResponderSuprimirFelicidades a los tres