No sin cierta resignación he leído estos días atrás que un cáncer de colon está devorando lentamente la vitalidad del escritor manchego Antonio Gala y como no podía ser de otra manera, me gustaría dedicarle unas sencillas líneas en éste, mi espacio.
No podía ser de otra manera porque, aunque no sea un acérrimo seguidor suyo, sí que he leído muchas de sus obras: algunas veces por curiosidad, otras por entretenimiento y las menos por obligación, y no me avergüenza decir que en algunas ocasiones me han servido de inspiración para escribir (qué cosas hacía yo de jovenzuelo) intentando conquistar amores imposibles. Más de un beso he robado a la casualidad gracias a sus inspiradas composiciones.
Gala es un escritor muy premiado pero muy poco reconocido: quizás sea así por su timidez y su introversión personal, o porque al haber trabajado casi todos los estilos literarios su obra no puede ser encorsetada (cosa que le encanta hacer a la crítica especializada) y encuadrada en un determinado canon. A Gala le gusta salirse de los cánones, por eso salta lo mismo de la poesía a la lírica, a la novela o al teatro. No duda en inventarse la parte de la historia que le es necesaria para envolver en el clima adecuado a los personajes de sus obras, y eso suele molestar bastante a los historiadores (“El Manuscrito Carmesí” se llevó muchos bufidos por esta causa).
Es quizás uno de los autores que mayor importancia le ha dado a la comprensión sentimental de la mujer como animal complejo, bello y sensible. No sólo las entiende a la perfección, sino que es capaz de intentar pensar como ellas (cosa que desconcierta bastante a los lectores masculinos y encanta a las lectoras femeninas), acercándonos al complejo mundo de la mente y el comportamiento de ellas.
Lo curioso es que, pese a su introversión y al elevado tono intelectual que emana de cualquier tipo de conversación suya que uno sea capaz de escuchar (Jesús Quintero le ha hecho entrevistas deliciosas durante muchos años), es una persona que se hace cercana. Es alguien muy de carne y hueso, de apariencia frágil y de voz suave, pero con tal inteligencia que es capaz de herirte de muerte sin que te des cuenta hasta que el acero haya salido de tu pecho. Eso le convierte en uno de los autores de narrativa más leídos de nuestro país.
Yo comencé leyéndolo como obra obligatoria en el instituto (creo recordar que en aquella época consumí su “Enemigo íntimo”, sus “Charlas con Troylo” y finalmente el “Manuscrito Carmesí”, inspirado en Granada y en los últimos reyes nazaríes). Y con posterioridad lo busqué en los “Sonetos de la Zubia”, en la “Pasión Turca” (que el cine convirtió en una película cuasi obscena eliminando la riqueza intelectual del personaje principal, al que transformaron en una vulgar calentorra de viaje) y en la recopilación de textos sobre el amor denominada “El águila Bicéfala” (quizás el que más he disfrutado).
Posteriormente, la vida y su ajetreado devenir ha hecho que tenga menos tiempo y menos ganas de leer, y que abandonara un tanto su obra por otro tipo de lecturas menos pausadas y más de verano, pero la estima hacia este escritor que se siente profundamente andaluz siempre la he mantenido inalterable.
Ahora, dice que con pocas ganas ya de escribir algo más que sus habituales columnas de opinión para el periódico “El Mundo”, se entretiene ejerciendo de mecenas en la Fundación que lleva su nombre en Córdoba, donde se forma a creadores y artistas jóvenes.
Gala se prodigaba poco por los escenarios televisivos (ya sabemos que en este país, si no sales por la tele, no existes), pero desde que le diagnosticaron su enfermedad ha desaparecido absolutamente, y tan sólo alguna cosa excepcional como que le hayan otorgado en vida el Premio Quijote de Honor que concede la Asociación Colegial de Escritores de España le ha obligado a conceder algunas entrevistas para revistas y periódicos, a las que atiende (como siempre) con una elegancia y una amabilidad extremas.
Lamentablemente quedan ya muy pocos exponentes de autores literarios que bien podrían haber formado parte de cualquiera de las dos grandes generaciones de escritores que inmortalizaron las letras españolas (la Generación del 98 y la del 27), y Antonio Gala, aunque enfrascado en la narrativa, a mi humilde juicio, es uno de ellos.
El mundo que yo conozco, el que yo adoraba, el que aprendí a querer y admirar, el que me enseñó lo poco que sé, el que me hizo vibrar y sentir, el que me construyó como persona… comienza a desaparecer entre los dedos como el agua robada a una fuente. Ese mundo de tremendas inocencias, de sorpresas inesperadas, de virginidades intelectuales, de sencillez y simplicidad… comienza a difuminarse como el horizonte en los atardeceres de mi tierra.
Me hubiera encantado conocerlo en persona, D. Antonio, y haber podido compartir con usted una charla y un café en un patio lleno de macetas, cuando la tarde va quemando con láminas de pan de oro los contornos de las hojas. ¿A través de quién os comprenderemos ahora, mujeres?.
Es una verdadera pena, amigos, pero sin que podamos evitarlo… Gala se apaga.
Asalto tras el ensayo
Hace 4 horas



Siempre me consterna la muerte de una persona y este caso no ha de ser una excepción. Pero Gala ha tenido una repercusión literaria redimensionada, porque su contribución escrita es cuando menos una pantomima. Ya sabes, hermano, que devoro libros y vivo con una catedrática de esto, de modo que mi juicio se funda en realidades más que en pasiones.
ResponderSuprimirEl pedestal de las estatuas o El águila bicéfala, poco menos que deberían quedar como literatura residual. Su acercamiento histórico ha sido siempre ineficaz, ilógico y manipulador. Su adoctrinmiento literario lo ha vaciado de cualquier capacidad artística y sus dimensionadas letras, en exceso, lo dejan en mal lugar.
No hay brillantez en sus textos y como en tu caso, mi relación de entendimiento con él nació con el Manuscrito carmesí, pero creo más por un motivo de nostalgia y acérrimo patriotismo chico que por la capitalidad de su escrito.
Gala en la faceta pública ha sido un perfecto hijo de... Su pérdida me va a consternar lo mismo que la de millones de personas que a diario dejan esta vida; un chupóptero progresista, un literato del montón, un tío que ha insultado mi fe en sus columnas de opinión un día tras otro y alguien que, tras El pedestal de las estatuas, lo mandé lejos. Ahora, parece que va allí.
LO siento pero la muerte no hace a nadie mejor. No voy a participar de esa pantomima que es la hipocresía del que cuando ve a alguien extinguiéndose lo ensalza. Este ha sido un mediocre literato y una mala persona.
En paz reviente.
...mmm deduciré de tu comentario que no te gusta Gala :)
ResponderSuprimirEn cualquier caso, por mi parte no hay pantomima ni hipocresía alguna, porque se apague... lo voy a lamentar de verdad.
Un abrazo, chato.
He recibido un comentario quejándose del de david, pero como no estaba firmado, sintiéndolo mucho, no lo puedo colgar. Amigos: es importante que rubriquemos lo que escribimos, para que todo el mundo esté en las mismas condiciones.
ResponderSuprimirDe cualquier modo, por mi parte cada cual puede pensar lo que desee y expresarse como quiera. Yo no estoy de acuerdo con el comentario de David, pero no dudo en firmarle mi contestación. No se puede estar siempre de acuerdo en todas las cosas. Ruego, pues, que hagáis lo mismo para referiros al tema si deseais comentarlo con nosotros (a lo que, como siempre, estais todos invitados).
Un saludico.