Lo mismo me tacháis de tradicionalista, de ñoño o de lo que sea: me da igual. Yo hay cosas que sigo sin verlas.
Estaremos de acuerdo en que esta sociedad ya no es lo que era: para bien y (sobre todo) para mal. Hace ya unos años que se puso de moda la confección de calendarios para realizar acciones benéficas para colectivos y/o asociaciones que necesitaban de fondos extraordinarios para acometer cualquier tipo de cosa.
Lo del calendario navideño en realidad, aparte de los que hacen los bancos y las cajas de ahorro, siempre fue más cosa de camioneros y de talleres mecánicos, que distraían en miradas obscenas sus pocos minutos de tedio (sobre todo veraniego) en admirar las vertiginosas curvas de unas cuentas señoritas poco abrigadas que anunciaban para algún licor o marca de neumáticos lo que faltaba para la Virgen de Agosto.
Pero como vivimos supeditados a las puñeteras modas, lo de hacer un calendario para sacar fondos se convirtió en una verdadera moda. Así, todo tipo de colectivos: bomberos, policías locales, equipos de fútbol, empaquetadoras de celulosa, conserveras de atún, etc. no dudaron en desnudar sus apolíneas figuras para conseguir irse de viaje a la República Dominicana, pagar las deudas pendientes o comprarse nuevas equipaciones para la competición deportiva.
Menos los paisajísticos (los del banco) y los realizados por niños, todos los demás calendarios han sido casi siempre un buen muestrario de lo que quisiéramos tocar y no podemos… y, claro está: eso ha animado a muchas marcas comerciales a utilizar también esa fórmula para publicitar sus productos.
El caso que hoy me ocupa es el de una compañía de chocolates alemanes llamada “Lambertz” (seré un cateto, pero yo no los conocía hasta que han liado lo que han liado), que ha puesto literalmente en “bolas” a Paz Vega (internacionalísima artista hispana de muy reconocidos méritos) en mitad de una ermita en Gerena (Sevilla), con el fin de intentar vender chocolate negro. El tema y la protagonista ya es reincidente porque en la película “Carmen” de Vicente Aranda también se despachaba de semejante manera en un templo con la ayuda de un mantón de Manila. Y reincide con la utilización de su sensualidad y la mezcla con temas católicos en “Teresa el cuerpo de Cristo”, o en “Nadie conoce a nadie”.
De por sí, no termino de entender esto de la fotografía artística para la venta de chocolate (que suele ser un producto que con sólo enseñarlo se vende, si no que se lo digan a los que trapichean con él en la Alcaicería), pero en todo caso, y asumiendo que cada compañía acometa las estrategias comerciales que le de la gana, lo que no me cabe en la cabeza (y mira que la tengo hermosa) es que haya una Hermandad, radicada en una ermita de pueblo, que, por coger unos duros miserables, permita que una tiparraca se ponga desnuda en el interior de un templo delante de un altar, a tirarse fotos.
Me da lo mismo que hayan pagado por realizar el trabajo. Me da lo mismo que quizás sea un malentendido entre los responsables comerciales de la empresa y los responsables de la ermita. Es que, sencillamente, hay cosas que no se pueden ni se deben hacer en determinados sitios: así de fácil. Es como lo de pintar los leones del Congreso en señal de protesta, seguir a un concejal increpándolo o cagar en casa ajena por el simple gusto de dejar parte de la esencia personal. Por mí, si una empresa quiere poner a la Reina de Inglaterra en porretas para vender Ginebra me parecerá bien mientras no la coloquen en el altar mayor de la Abadía de Westminster.
No termino de comprender qué pasa por la cabeza de determinados señores de las directivas de las Hermandades, sean de donde sean, para permitir el uso indebido de un espacio sacro. Ni entiendo tampoco este falso “morbo” que les da a la nueva “troupe” de artistas (sean fotógrafos, pintores, cineastas o actores) de querer escandalizar mezclando el sexo, el erotismo, la sensualidad y la insinuación con temas o espacios pertenecientes a la religión católica.
Curiosamente ninguno le echa cojones a ponerle a Paz Vega un burka transparente y pasearla por la Meca para tirarle fotos, o a llevársela a un Monasterio Budista para que airee el ojal por allí… no: por una módica cantidad y negociando con el irresponsable de turno (por no denominarlo ignorante) la despelotan y la arrodillan en un templo cristiano de un pueblecito andaluz y… ¡alehop!, a vender chocolates sin licor pero con calentura… que eso es super moderno y provocativo.
Lógicamente, tanto a Paz Vega (inteligentísima actriz –a la vista están sus afamados papeles en películas de relumbrón premiadísimos por la crítica mundial- que está abriéndose un prometedor mercado en Hollywood) como a la compañía de chocolates, la polémica les ha venido de perlas para que se vendan tropecientos mil calendarios chocolateros con la sevillana enseñando el peluche mientras la mantilla le cubre el “mira que te explique”.
Pero ya repito que a mi, que esta señorita enseñe la “chirla” ni me molesta particularmente (bien lozana que está) ni me sorprende: no hay película en la que no se despoje de las vestiduras, como le pasaba a Maribel Verdú en los años 80 y 90. Es una verdadera experta en exprimir lo maciza que está: sea para vender helados o para anunciar cosmética (el día que la enseñen a interpretar podría ser la leche). Lo que me indigna es que siempre haya un tontico para un apaño que líe el festival permitiendo que estas cosas salgan adelante.
Evidentemente, a los de la Hermandad de Gerena se les ha cerrado el grifo del tirón, y aparte de las misas de desagravio (esto es como muy de los años 50 y sirve para poco más que para dejar a la conciencia medio satisfecha) a cargo de la Vicaría General de Sevilla, me temo que para poner un doselito de cultos en Cuaresma o para convocar un certamen de Villancicos van a estar más supervisados que “el Dioni” en una cola de caja en Banesto.
Empiezan a cansarme este tipo de agresiones leves hacia la moral católica. Y también empieza a cansarme ver a Paz Vega en pelota picada cada vez que hace algo (lo poco agrada y lo mucho empalaga). Lo que me ha quedado meridianamente claro después de ver la fotico de marras es que, por mucho calendario que hagan para vender chocolate alemán, contemplando la instantánea, más que dar ganas de consumir chocolate y abstrayéndose del entorno en el que está hecha, el efecto es el mismo que si estuviera colgada en la pared de cualquier taller mecánico: una vez más lo que dan ganas es de bajarse al pilón. ¿O no?.
Llegó tu dia...
Hace 54 minutos





La culpa es de la Hermandad.....¿os imaginais que permitiesen una foto así delante del Gran Poder,La Macarena o la Virgen del Rocio?....
ResponderSuprimirEstoy completamente de acuerdo con Manuel, Álvaro; toda la culpa la tiene la hermandad, que permite todas esas cosas con tal de mejorar su alcancía; al fin y al cabo, como bien dices, Paz puede hacer con su "peluche" (me encanta el término) lo que le venga en gana, ya que ella no diferencia una iglesia de un plató si los "jandones" son previo pago; el sorprendente problema es que la junta de gobierno de la hermandad no distinga un estudio de fotografía erótica del atrio de la capilla donde residen sus titulares, y eso es lo criticable.
ResponderSuprimirP.D: en cuanto a lo del pilón, estoy contigo...
Un abrazo